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2
411
Con el tú de mi canción no te aludo, compañero; ese tú soy yo.
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3
Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta.
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4
En estos versos que vienen lo tienen, aquí está mi genio, y ven, también, que el genio me importa un huevo, de nuevo, pues poca gloria me llevo: estos ovillejos sosos lo que tienen de famosos lo tienen también de nuevo.
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11
Queítos los gorpes; queítos por Dios: como está mala la batita mía der mío corasón.
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4
¿Qué es lo que el amor me ha dado? Cuidado. ¿Y qué es lo que yo le pido? Olvido. ¿Qué tengo del bien que veo? Deseo. Si en tal locura me empleo, que soy mi propio enemigo, presto acabarán conmigo cuidado, olvido y deseo.
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10
Ojos, ya no hay qué mirar; mirad solamente al cielo, que en aquel hermoso velo hay mucho que contemplar.
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4
Toítos sarriman ar pinito berde, y yo marrimo á los atunales que espinitas tienen.
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4
Pues ni opulencia, ni haces consulares Lanzan del pecho la aflicción penosa, Ni las inquietas cuitas que revuelan Por los techos dorados.
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4
EL que empeñado en áspero camino, De entre peñascos sale y de entre breñas, Y á entrar va en precipicios espantosos , Raudos torrentes y confusas selvas; Si un prado, aunque pequeño, y una fuente, Mansa, aunque cenagosa, al paso encuentra, Allí se pára á respirar un rato, Y á restaurar las fatigadas fuerzas. Así Zaide, al hallar en su memoria Que desastres y horrores le recuerda, Un momento de paz, con breve pausa En él un rato á descansar se asienta. Corto el reposo fué, y hondo silencio lleinó entre tanto ; pues Mudarra, llena De confusión y asombro el alma toda, De aquella narración el fin anhela. Zaide fijó los ojos inflamados En la argentada luna y las estrellas, Lanzo un suspiro, y prosiguió la historia Con sosegada voz de esta manera: " En paz quedó Castilla : los Infantes Con Ñuño fueron á la corte regia Del monarca leones y doña Lambra A un su palacio orillas del Esgüeva." " Pasó una luna en gran quietud : Velázquez Y Gústios de amistad se daban pruebas, Y yo, cumplido el plazo á mi embajada, Dispuse mi regreso á estas riberas. " " Ya me faltaban solo cuatro días Para dejar de Burgos las almenas, Guando á la hora en que en mitad del cielo Su ardiente y viva lumbre el sol ostenta," " Estando yo tranquilo en el palacio, Que por embajador mi albergue fuera ; Rumor lejano de alterada plebe De repente escuché, no sin sorpresa Salí al balcón el espantoso estruendo üc armas y voces distinguí mas cerca ; A poco vi de airada muchedumbre Inundarse las calles y plazuelas," "De lejos un cadáver, que arrastrando Llevaba el pueblo : disparadas piedras Vinieron á perderse en mis paredes, Las voces escuché de mueran, mueran." Y vi venir huyendo del tumulto. Por la ancha calle enfrente de mis puertas, A dos de mis esclavos anhelantes, Que consiguen salvarlas y las cierran." Absorto estaba : éntreme, y á los mios Convoco al punto, sin saber cuál fuera La causa del furor de los cristianos; Cuando á mis plantas los esclavos llegan, " Los mismos dos que de salvarse acaban; Y sin color y con heladas lenguas, Que á asesinarnos corre el pueblo todo, Dicen, y nuestro asombro se acrecienta." "Incrédulo, indeciso, nuevamente Me puse en el balcón, cuando á gran priesa Llegó á caballo, trémulo, abatido, De Lara un paje, y, M i señor os rueqa Que al punto kuydis. Tomad vuestros Caballos Y asilo pronto en la vecina huerta. De donde valerosos caballeros E n salvo os s a c a r á n á viva fuerza." " Dijo, y despareció. Yo quedé mudo Sin acertar á resolver : la fiera Muchedumbre al momento del palacio Ocupó la gran plaza, y tuve apenas " "Tiempo de retirarme de su vista. Todos los mios con pavor me rueg an Que me salve, y los salve sin tardanza, Y á los esclavos ensillar ordenan." i Infamia fuga tal me parecía ; Resistir imposible.... A la escalera Me dejo arrebatar, cuando echo menos Dos de mi comitiva : el uno era" " U n mi escudero, Aben Harin el otro, El cordobés, antorcha de las ciencias. Pregunto por los dos, y no hallo nadie Que acierte á darme de su suerte nuevas." " El ágil escudero acostumbraba Adiestrar al bocado y á la espuela Los caballos del conde, y casi siempre El sabio acompañaba á la condesa Sin ellos resolví no retirarme, Y ansioso de atisbar si acaso llegan, A una gran claraboya, que á la plaza Daba, me aproximé no sin cautela." " Oh poderoso Alá ! vi en una pica, Sirviendo á los cristianos de bandera, (De horror, al recordarlo, me estremezco!) Del docto amigo la infeliz cabeza," " Y su cuerpo en mil partes destrozado Entre la turba, que con una cuerda Le arrastraba; y al lado, medio vivo , Al escudero sin ventura en tierra." " Bramando de furor la vista extiendo, Y al arzobispo vi.... quién lo creyera ! A aquel que tan prudente se mostrara De Velázquez y Lara en la contienda," "Acalorar el bárbaro gentío, La insignia de su rito y su creencia, Cual de exterminio y furia enarbolando, Y lanzando espantosos anatemas." " Si álguien templar mi saña en aquel punto Y á los cristianos mi rencor pudiera, Hubiese Lara el generoso sido, Que con la espada en alto, dando pruebas De noble esfuerzo y de honradez gritaba ; Castellanos!... qué h a c é i s ? . . . De infamia eterna Noy cubrís vuestro nombre.... los cobardes Asi. d los desarmados atropellan." « Mas su voz se perdía entre el tumulto, Cual la razón se pierde en la tormenta De las pasiones, y era un hombre solo Dique impotente á inundación tan recia." " Al ver yo al uno, al otro, á los dos mios En trance tan fatal, sentí mis venas Encenderse, cegué, grité venganza, Y el alfanje empuñé con firme diestra." Del puesto aquel me arrancan mis amigos, Y los caballos á encontrar me llevan, A montar obligándome en el punto Que el populacho derribó las puertas." " El jardin á galope atravesamos, Y salvando el postigo de la verja, Al arrabal salimos, consiguiendo Ganar al fin las indicadas huertas." " Y a el palacio del vulgo era despojo, Cuando unos doce caballeros llegan, Por el valiente Gústios destinados Para sernos de amparo y de defensa Con gran facilidad pasar pudimos Las murallas y fosos^ pues si alerta Los que las custodiaban, al mirarnos, De prohibirnos el paso dieron señasj" " Eran muy pocos, y al notar la insignia De la casa de Lara en las cimeras, El puente echaron, el rastrillo abrieron, Y al campo nos lanzamos de carrera." (i Por él en gran silencio á toda brida A buscar fuimos la inmediata selva, En donde aliento á los corceles dando, Hablé al caudillo de la escolta nuestra;" " Y de él supe la causa del tumulto. Del pérfido Valázquez trama nueva, Para perder á mi valiente amigo, Y cima dar á su venganza horrenda
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Vivo la naturaleza anegada en tu belleza,
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El viejo padre de Zela no ve la llama encendida y así se pasa la vida sin temor y sin cautela; jamás una noche en vela temeroso se pasó; porque ¿quién fue aquel que osó arrugarle el sobrecejo, si cruel como ese viejo ningún Bajá se miró?
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A mí una pobrecilla mesa de amable paz bien abastada me basta, y la vajilla, de fino oro labrada sea de quien la mar no teme airada.
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Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán;
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4
Y aplicando el capitán a su potro las espuelas, el rostro a Toledo dan, y a trote cruzando van las oscuras callejuelas.
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5
Ponlo por obra, porque no me hagas Que ande el azote. Mas, si no me ngaño, Destos azotes, y aun de mí, te ríes, Fiero tirano.
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4
No fue Helena la única princesa a quien de un hombre hermoso deslumhrara la púrpura y el oro, y las falaces palabras seductoras.
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El uno, que surgía alegre ya en el puerto, salteado del bravo soplo, guía en alta mar lanzado, apenas el navío desarmado;
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La confusión qne reina en el navio, Si al mismo tiempo que bramando rompe El huraean sus mástiles, la quilla Toca en las peñas ásperas que esconde Entumecido el mar , encuentra Ñuño Por calles y plazuelas. Era entonces Tal la inseguridad, y tan frecuentes En plena paz rebatos é invasiones, Que no era extraño el popular asombro. Con algunos hidalgos y otros hombres De cuenta Ñuño habló, que apresurados Aprestaban sus armas y trotones. Todos le afirman que los moros vienen, Y que las vegas inmediatas corren Mas de su intento y fuerza las noticias No son ni positivas ni conformes. Ñuño y el arcipreste, y dos personas De autoridad resuelven á la torre De la iglesia mayor, que dominaba En torno las llanuras y los bosques, Subir á cerciorarse por sus ojos Del peligro, que tiene en tal desórden Y terror la comarca. Lo ejecutan, Y solo ven á gran distancia, á trote Veinte moros venir acia la villa; Sin parecer en todo el horizonte Ni mas armadas huestes, ni banderas, Ni polvo, ni aun rumor. Los resplandores Del sol demuestran que con armas vienen ; Mas ni furor ni hostiles intenciones Su modo de marchar. No de milanos Banda voraz, que hambrienta reconoce, Y el indefenso palomar embiste. Parecían los moros trotadores ; Sino banda pacífica y alegre De apacibles cigüeñas, que los montes Del África dejando en primavera, Un alto pino ó solitaria torre Buscanj para anidar en nuestro clima, Y pasar la estación de los calores. Ñuño y los que con él observan, luego Lo advierten todo ; su temor calmóse, Y mandando cesar del campanario Los alarmantes v molestos toques. Vuelto curiosidad el miedo, bajan, Refieren lo que han visto, y los temores Procuran aquietar del necio vulgo ; Y treinta hidalgos se arman y disponen A salir al encuentro de los moros, Para inquirir mejor sus intenciones ; Mientras Ñuño á informar de todo á Lara, Y su inquietud á sosegar, volvióse.
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53
Por tanto, ten cuidado, no abandones la pieza, no seas Pitas Payas, para otro no se cueza; incita a la mujer con gran delicadeza y si promete al fin, guárdate de tibieza.
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4
Talante de mujeres, ¿quién lo puede entender? su maestría es mala, mucho su malsaber. Cuando están encendidas y el mal quieren hacer el alma y cuerpo y fama, todo echan a perder.
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Sé que en su corazón, nido de sierpes, no hay una fibra que al amor responda; que es una estatua inanimada...; pero... ¡es tan hermosa!
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4
Dises que no sientes un apartamento; como apartá para siempre el arma se bea e tu cuerpo.
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4
Era una dama en todo y de damas señora, no podía estar solo con ella ni una hora; de los hombres se guardan allí donde ella mora con más afán que guardan los judíos la Tora.
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Amor loco, ¡ay amor loco!, yo por vos, y vos por otro.
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2
Ya duerme el viento en la arboleda oscura, Pabellón de los plácidos senderos, Y entre las ramas de gigante altura Las frases que te dicen mi ternura Las trinan en sus nidos los jilgueros
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Toíto es hasta acostumbrarse. Cariño le toma el preso a las rejas de la cárcel.
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De yorá tengo canales, en ber que por ti he perdío a mi pare y a mi mare.
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Seas fulano o mengana, mañana, los placeres que hoy te dan serán, al venir tiempos peores, dolores. Aunque un día te enamores, el reloj, que va con prisas, marca que lo que hoy son risas mañana serán dolores.
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Como yo que siempre quedo Tan contento de que quiera tan ufano, Que si me diera su dedo, Nunca yo el villano hiciera Con la mano.
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De mi vera tú te fuiste, y a las beinticuatro horitas er daño reconociste.
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Tú la brecha has abierto, tú, la primera: treinta romanos y una cartaginesa.
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Ya pasaste el creciente, como la luna, ahora estás en el lleno de la fortuna: vete con tiento; cuidado que al menguante no mude el tiempo.
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Debajo del manzano, allí conmigo fuiste desposada, allí te di la mano, y fuiste reparada donde tu madre fuera vïolada.
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No hay cosa en este mundo que no se mude, el que hoy está abatido, mañana sube; que la fortuna como viene de prisa, pronto se muda
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No con poco disfavor partiendo con alma triste que, si gran pena sentiste, la mía no fue menor; temo yo, triste amador, viendo vuestra pasión tanta, serme la vida peor y el temor temo quebranta y más esfuerzo levanta para mal sufrir mayor.
12
12
A mi lado sin miedo los reptiles se movían a rastras; ¡hasta los mudos santos de granito vi que me saludaban!
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4
Mi vida entonces cual guerrera nave que el puerto deja por la vez primera, y al soplo de los céfiros suave, orgullosa despliega su bandera y al mar dejando que a sus pies alabe su triunfo en roncos cantos, va velera, una ola tras otra bramadora hollando y dividiendo vencedora.
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8
Sobre la torre, enigmático, el búho de ojos de azufre, su canto insalubre sufre como un muecín enigmático... Ante el augurio lunático, capciosa, espectral, desnuda, aterciopelada y muda, desciende en su tela inerte, como una araña de muerte, la inmensa noche de Buda...
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10
Y ella prosigue alegre su camino, feliz, risueña, impávida, ¿y por qué? Porque no brota sangre de la herida... ¡Porque el muerto está en pie!
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4
¿Qué será ver al tirano Balbuciente al responder De la sangre de su hermano, En que irá tinta la mano Sin que la pueda esconder?
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5
Mis enemigos me venzan en pleitos más peligrosos, y mi amigo más querido me levante testimonio;
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4
áoy la virgen misteriosa De los últimos amores, Y ofrezco un lecho de flores Sin espinas ni dolor, Y amante doy mi cariño Sin vanidad ni falsía; No doy placer ni alegría; Mas es eterno mi amor
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8
Aunque físicamente quise yo amarte metafísicamente no he de olvidarte
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4
Que los reyes justicieros y verdaderos y francos, hacen llanos los barrancos, y los castillos roqueros; que a la justicia con franqueza Y con verdad esmaltada, nunca fue tal fortaleza, tal constancia, tal firmeza, que no fuese sojuzgada.
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9
Cuido que es menos dañoso pacentar por lo costero, que lo alto y hondonero juro a mi que es peligroso. Pero cata que te calle poner firme, no resballe la pata donde pisares pues hay tantos de pesares in hac lachrymarum valle.
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9
Vi la cámara, do era en mi lecho reposando, bien tan clara como quando noturnal fiesta se espera; e vi la gentil díesa dAmor, pobre de líesa cantar como endechefera
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7
Yo llevé un moro de número, ¡sobresaliente el matucho! Con él gané en Ayacucho, más plata que agua bendita siempre el gaucho necesita un pingo pa fiarle un pucho.
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6
Y ambos maldicen su estrella, callando el padre severo y suspirando la bella, porque nació mujer ella, y el viejo nació altanero.
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5
EN la austera quietud del monte Y en la sombra de un peñascal, Nido de buitres y de cuervos Que el cielo cubren al volar, Razonaban dos ermitaños: San Serenín y San Gundián.
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6
Borrosa gravedad del parabrisas en la despreocupada seducción. Porque los coches saben su camino y van como animales en querencia a la casa, sin dudas, entre besos que nos duran el tiempo de un semáforo y un poco más; porque decir mañana es casi discutir el más allá, y hablamos del dolor de los horarios, alejados, cayendo en la imprudencia, como los vivos hablan de la muerte.
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Blanda cara de alacrán finos fieros y rabiosos los optajes ponzoñosos en sabor dulce se dan; como el más blando licor es muy más penetrativo piensas tú con tu dulzor, penetrar el desamor en que me hallas esquivo
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9
si luego (y no es maravilla), como veis que es carne falsa, porque se coma con salsa, calentáis la salserilla,
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4
«Descubres», respondió, «tu bobería; que ha que la tratas infinitos años, y no conoces que es la Poesía».
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3
Mirá, mirá hay un preste cagando en el baldío.
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3
Fértil oliva especiosa, en los campos de Sion, cántica de Salomón, de prosapia generosa; oriental piedra preciosa, tupida de real mina, electa por santa y dina en la presencia divina, a quien el cielo se inclina, como a Reina poderosa.
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Tenaz dolor en tanto, horribles penas Del Huérfano infeliz rompen el alma, Las fiestas y l a pompa de aquel dia Aumentando el rigor de sus desgracias; Pues corazones míseros que esconden Una profunda y dolorosa llaga. Sienten mas el rigor de sus latidos, Cuando á los otros el placer exalta. Ja mas con tal veliemencia en su memoria De Zahira las ú l t i m a s palabras Reproducidas v i o , nunca su pecho S i n t i ó mas l a horfandad desconsolada. n l r c el b u l l i c i o popular se encuentra E n un desierto, y SÍAI objeto vaga Por aquellos jardines espaciosos Entre la m u l t i t u d regocijada. N i oye de las orquestas la dulzura, Ni bailes ve, n i mira luminarias, N i busca á sus amigos : mudo y solo, Pausado gira con incierta planta. Piensa en su origen degradado, oscuro, Piensa en Zahira, y piensa en que le llama Un t e r r i b l e deslino, mas terrible Por el misterio que le encubre y guarda ; Pero piensa t a m b i é n en la belleza, Lozana juventud, modestia y gracias Que adornan á K e r i m a , y en su seno Siente una conmoción que le acobarda. De Zaide al lado en solitarios bosques, Entregado al estudio y á l a caza, O pensativo siempre y retirado De Almanzor en lo interno del a l c á z a r, Es la primera vez que al mundo salej Y ni la regia fiesta, ni las galas, N i el esplendido lujo y aparato, N i la augusta presencia del monarca Llamaron su a t e n c i ó n : K e r i n i a solo E n el banquete su a t e n c i ó n fijara, Y ella no mas en tan variado dia F u é de sus pensamientos soberana. M i r a cual crimen el haber dejado Tantas horas su origen y desgracias E n hondo olvido, y por cerrar su pecho A toda otra i m p r e s i ó n , suda y trabaja. Vanos esfuerzos!..... sí, le ocupa todo Y a de R e r i m a l a beldad gallarda ; Reconócelo el triste confundido, Y de su propio c o r a z ó n se espanta. Piensa ver, desdichado! que l a sombra De Zahira le sigue y amenaza, Y que en torno le acosan y rodean Espantosos espectros y fantasmas. La espalda apoya á u n solitario tronco, Falto de fuerzas en tan gran borrasca. Los brazos contra el pecho ahogado cruza, La frente inclina, y consternado calla.
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56
Mariquita me llaman los arrieros; Mariquita me llaman, voyme con ellos.
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4
Cuarto lucio en el zapato, mendrugos en faltriquera, con otra cosa cualquiera y sacar de rato en rato; tener en un agujero alfileres y rodajas, y asechar por las sonajas cuando pasa el melcochero.
4
8
Muerto el reyAlbaken, Gíafar, ansioso De conservar de Hagib el sumo cargo Con nuevos triunfos, emprendió la guerra, Y á Castilla y León cubrió de espanto." " Yo seguí sus pendones victoriosos En el vigor de mis robustos años, Y fui parte y testigo de una empresa, Que tuvo cual injusta el resultado;" " Pues, como sabes, al volver triunfantes, De horror, de sangre y de victorias hartos, Y de despojos ricos, y oprimiendo, Turba infeliz de míseros esclavos ;" " Un digno caballero de Castilla Con pequeño escuadrón de sus vasallos. Nos siguió y sorprendió, del Guadarrama Entre los bosques, quiebras y peñascos." " Y los que vencedores é invencibles. Cual rápido torrente, derribamos El poder colosal del cristianismo, El esfuerzo leones y el castellano ^" Fuimos vencidos, rotos y deshechos Por tan escasa hueste, y por el brazo De un solo caballero, que de luto Cubrió á su turno nuestro suelo patrio ¡Terrible y desastroso fué aquel dia, Para el imperio musulmán aciago I Dó el esfuerzo andaluz?.. ..solo un guerrero Tronehó sus palmas, agostó sus lauros." " Y o combatí cual bueno : lanza á lanza Embestí al generoso castellano, Que un escollo de acero parecía, Y lidiamos los áoÉ un largo espacio." " L e encontré irresistible, y á sus golpes Herido yo, sin fuerzas mi caballo, Cedí, cayendo en la menuda yerba. Su verdor con mi sangre marchitando." "No vi mas la matanza, pues mis ojos Oscurecidos con letal desmayo, Cuando á la vida y á la luz se abrieron. En un albergue pastoril me hallaron." " Me encontré con asombro en pobre lecho, Do una tosca zagala y un anciano Me prodigaban útiles socorros, Gran interés en mi vivir mostrando." " ¡Oh, cuan injustos son nuestros juicios, Cuando en la diferencia los fundamos De usos y religión! Pues fué el primero Que á mi mente ocurrióse en aquel caso l que estaba cautivo, la asistencia Atribuyendo de los dos villanos Al afán de obtener con mi persona Rescate rico ó vigoroso esclavo." "Casi á la muerte me tornó esta idea , Mas ¿cuál fué, cielos, mi sorpresa y pasmo, Al ver aquel que suspendido había Sobre mi frente de Azrael el brazo?" Hallé á Ñuño Salido junto al lecho, De gozo, al verme vivo, enajenado, Que con grande ternura, O Zaide, dijo, O noble bienhechor, no eres esclavo." E n cuanto ayer d mi señor osaste Acometer con animo gallardo. Te conocí. A l mirarte en tierra herido. Quién eras, le g r i t é ; y él y a prendado " " De tu gentil aspecto y bizarría, Aíandóms socorrerte, del estrago Sacarte , y conducirte d su presencia. Do hallarás libertad, honra y aplausos." "Animo, Zaide bueno; tus heridas Peligrosas no son. A l punto vamos A ver d mi señor, que honrarte anhela Con sa noble amistad y dulce trato. Yo al conocer á Ñuño, al escucharle, Al ver su rostro en lágrimas bañado, Fui á arrojarme á sus plantas desde el lecho, Y me encontré en su seno y en sus brazos."— Aquí el discurso enternecido Zaide Suspendió, á tal recuerdo suspirando j Pero anudóle al punto, y de este modo Tornó á alentar su venerable labio : •Era Ñuño un ilustre caballero, Que por mí en otra guerra cautivado. Vino conmigo á Córdoba ; y halléme Con un amigo, en quien pensé un esclavo." " Y a su destreza en las guerreras armas, Su noble aspecto y su valor bizarro Llamaron mi atención, desde el momento Que lanza á lanza le apresé en el campo | " " Y luego su entereza en la desgracia, Su extrema rectitud, su ingenio claro, Su excelente carácter, sus virtudes, Y su rara instrucción me cautivaron." " E l me enseñó caballerescas arles, Al mismo tiempo que su idioma patrio; En un grande infortunio fué mi apoyo, Y siempre amigo y consejero sabio. Quince dichosas limas que nos vieron Siempre juntos, veloces se pasaron.... Mas ¿cómo yo abusar de sus bondades, Ni él Humarse feliz en suelo estrafio?" " Al fin era un cautivo, y en su frente Divisaba los hórridos nublados De quien se encuentra de su hogar paterno, De sus deudos y amores apartado j." " Y libre y rico le torné á su patria. El cielo bienhechor allí le trajo, Do de la esclavitud y de la muerte Libre me viera por su amigo amparo." "En nudo estrecho, y desahogando el alma Una gran pieza con sollozos blandos Permanecimos.... ¿qué medicamento Pudiera haber tan saludable y grato? "Restauradas sentí mis fuerzas todas, Y oprimiendo los lomos de un caballo, Que Ñuño á pié del diestro dirigía, A un castillo partimos inmediato." fi El valiente adalid en él estaba Con los suyos, gozoso celebrando El banquete del triunfo, en el momento Que á su vista los dos nos presentamos. Cuarenta primaveras contaría— La edad que entónces yo. Fuerte y gallardo Era su talle, su semblante hermoso, Sus grandes ojos rutilantes astros." "Gonzalo Gústios, el señor de Lara, Eran su nombre y título. Al mirarnos Interrumpió el festin, y recibióme Con franco aspecto, y me alargó la mano. "Siete hermosos mancebos coronaban La sobria mesa : apenas quince años Contaría el menor, de cuyo rostro Y gentil corpulencia eres retrato :" "Veinte y dos el mayor. Eran los hijos Del noble valentísimo Gonzalo; Y Ñuño, mi constante y generoso Amigo, de ellos preceptor y ayo." " Sus brazos nos robaron la victoria, Siendo la prez y honor de los cristianos: Mancebos generosos ! dignos eran De haber nacido con mejores hados. " E l padre en medio de ellos parecía Noble león, que en los masilles campos Invencible su regia pompa ostenta, De sus fuertes cachorros circundado generosa palma del desierto, Cuyos renuevos á su pié lozanos Ofrecen la esperanza al peregrino De darle, un tiempo, bienhechor restauro." "Obsequios y caricias recibiendo Del padre y de los jóvenes gallardos, Permanecí hasta el punto en que su lumbre Templaba el sol en el remoto ocaso "Que afable entónces el señor de Lara Se alzó, y me dijo, asiéndome la mano: Vé en paz, valiente Amir, que yo d Castilla Torno, pues y a su conde está vengado. " " Vuelve d tu patria; pero nunca olvides Le estimación que d tu valor consagro, Y plegué d Dios iluminar tu mente De la fé sacrosanta con los rayos. " Y y o le respondí: Caudillo insigne. Me has dos veces vencido y cautivado. Una can tu denuedo y fuerte lanza. Otra con tu presencia y noble trato," " A l d te guarde, y de tus nobles hijos E n medio vivas los eternos años Que en el Líbano el cedro generoso , Para ser de guerreros el dechado. Me abrazó el héroe, y como firme prenda Me dicS esta da(?a, que de mí no aparto : Yo coloqué en su diestra un rico anillo.... Ese mismo que tienes en tu mano." Calló un momento Zaide: estremecióse Mudarra, y lleno de sorpresa y pasmo Miró el anillo, en cuyas ricas piedras Las luces de la luna rielaron Y concibiendo por la prenda rara Mayor respeto y misterioso espanto, Iba á hacer mil preguntas anheloso ; Mas de este modo lo impidió el anciano : "Me encontré á la salida del castillo Con dos ilustres moros, libertados También por Lara, para escolta mía, Con armas, provisiones y caballos;" " Y emprendí á estas riberas mi regreso A cortas marchas y con lento paso, Pues bien que leves mis heridas fueran, Necesité remedios y descanso
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Le harás una pregunta como última cuestión: si tiene el genio alegre y ardiente el corazón; si no duda, si pide de todo la razón, si al hombre dice sí, merece tu pasión.
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4
Aquel de buenos abrigo, amado por virtuoso de la gente, el maestre Don Rodrigo Manrique, tanto famoso y tan valiente;
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6
Compañera, si me muero, la casiya e los locos ha e sé tu paraero.
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3
Hoy, enlutado su pendón, y al eco del clarín angustiado, el paso tiende y lo embarga el dolor: ¡dolor terrible que el llanto asoma so la faz del héroe!. . . Y el lamento responde pavoroso: “Murió Belgrano” ¡oh Dios! ¡así sucede la tumba al carro, el ay doliente al viva, la pálida azucena a los laureles! ¡Hoja efímera cae! ¡tal resiste al Noto embravecido y sus vaivenes! Campeón ilustre, atleta esclarecido, la mano que te roba, hollar las leyes que el corazón conoce; el jaspe eterno tu nombre mostrará a los descendientes de la generación que te lamenta. La patria desolada el cuello tiende al puñal parricida que la amaga en anárquico horror; la ambición prende, en los ánimos grandes, y la copa da la venganza al miedo diligente. Aun de Temis el ínclito santuario profanado y sin brillo; el inocente, el inocente pueblo, ilustre un día, a la angustia entregado; el combatiente sus heridas inútiles llorando escapa al tambor; el país se enciende en guerra asoladora, que lo ayerma; asoma la miseria, pues que cede la espiga al pie feroz que la quebranta. ¿Y ora faltas, Belgrano?. . . Así la muerte, y el crimen, y el destino de consuno, deshacen la obra santa, que torrentes vale de sangre, y siglos mil de gloria, ¡y diez años de afán!. . . ¡Todo lo pierde! Tu celo, tu virtud, tu arte, tu genio, tu nombre, en fin, que todo lo comprende, flores fueron un día; marchitólas la nieve del sepulcro. Así os lamente la legión que a la gloria condujiste; con tu ejemplo inmortal probó el deleite, la magia del honor, y con destreza amar la hicisteis el tesón perenne, el hambre angustiadora, el frío agudo. .. Suspende ¡oh musa! y al dolor concede una mísera tregua. Yo lo he visto al soldado acorrer que desfallece, y abrazarlo, cubrirlo y consolarlo. Ora Rayo de Marte se desprende, y al combate amenaza, y triunfa, y luego... ¿Qué más hacer? . . .El desairar la suerte... Y ser grande por sí; ésta no es gloria del común de los héroes, él la ofrece en pro de los rendidos, que perdona. Ora al genio se presta, y lo engrandece; corre la juventud, y a la Natura espía en sus arcanos, la sorprende, y en sus almas revienta de antemano el germen de las glorias. ¡Oh!, ¿quién puede describir su piedad inmaculada, su corazón de fuego, su ferviente anhelo por el bien? ¡Sólo a ti es dado, historia de los hombres; a ti, que eres la maestra de los tiempos! La arca de oro de los hechos ilustres de mi héroe en ti se deposita: recogedla y al mundo dadla en signos indelebles. Y vos, sombras preciosas de Balcarce, de Olivera, Colet, Martínez, Vélez, ved vuestro general, ya es con vosotros: abridle el templo, que os mostró valiente. ¡Tucumán! ¡Salta! pueblos generosos al héroe del febrero y del setiembre alzad el postrer himno; mas vosotras, vírgenes tiernas, que otra vez sus sienes coronasteis de flores, id a la urna, y deponed con ansia reverente el apenado lirio, émulo hacedlo de los mármoles, bronces y cipreses.
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78
¿De dónde vengo?... El más horrible y áspero de los senderos busca: las huellas de unos pies ensangrentados sobre la roca dura; los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas te dirán el camino que conduce a mi cuna.
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8
En ventura Octaviano; Julio César en vencer y batallar; en la virtud, Africano; Aníbal en el saber y trabajar;
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6
Piedad y paz notoria la oliva nos representa, en la cual sus pies asienta, y la palma la vitoria, do sus brazos aposenta; pompa del rey se figura por el cedro do se arrima, por el ciprés el altura de la divina natura, que se levanta por cima.
6
10
Tiene azules ojos, es maligana y bella; cuando mira, vierte viva luz extraña; se asoma a sus humedas pupilas de estrella el alma del rubio cristal de Champaña.
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4
«No se apresure, hermano», le dijo por burlarse del paso que llevaba, añadiendo otras pullas bien picantes.
13
4
y en las lides que venció, cuántos moros y caballos se perdieron; y en este oficio ganó las rentas y los vasallos que le dieron.
39
6
Quién pudiera dar un vuelo por todo lo que el sol mira, y solicitar las gentes a cena jamás oída: cena grande, siempre cena, a cualquier hora del día, donde en poco pan se sirve mucha muerte o mucha vida.
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8
Ayer soñé que veía a Dios y que a Dios hablaba; y soñé que Dios me oía... Después soñé que soñaba.
9
4
En vano, descuidado pensamiento, una loca altanera fantasía, un no sé qué, que la memoria cría, sin ser, sin calidad, sin fundamento;
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4
¡Ay, un galán de esta villa; ay, un galán de esta casa; ay, él por aquí venía; ay, él por aquí llegaba. Ay, diga lo que quería; ay, diga lo que buscaba. Ay, busco la blanca niña; ay, busco la niña blanca, que tiene voz delgadina, que tiene la voz delgada. Ay, que no la hay esta villa ay, que no la hay esta casa, si non era una mi prima, si non era una mi hermana. Ay, diga a la blanca niña, ay, diga a la niña blanca, ay, que su amante la espera, ay, que su amante la aguarda al pie de la fuente fría, al pie de la fuente clara, que por el río corría, que por el río manaba, donde canta la culebra, donde la culebra canta. Por arriba de una peña, por arriba de una mata apareció una doncella, es hija del rey de Arabia. Ya su buen amor venía, ya su buen amor llegaba, por sobre la verde oliva, por sobre la verde rama, por donde ora el sol salía, por donde ora el sol rayaba. Ay, mañana la tan fría; ay, mañana la tan clara, ay, llegáronse a la ermita; ay, llegáronse a la sala, ay, donde el abad diz misa, ay, donde el abad misaba, ay, misaba en la montiña; ay, misaba en la montaña, ay, el molacín la audiba, ay, el molacín la audaba, ay, cantaba la culebra, ay, la culebra cantaba; ay, tiene voz de doncella, ay, tiene voz de galana; ay, vueltas las que darían, ay, vueltas las que le daban; ay, mandara el rey prenderla, ay, mandara el rey prendarla.
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52
¿Dónde marrimaré yo, si no hay un pecho er mundo que quiera darme caló?
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3
Pasan bajo la adelfa y miradores los bríos andaluces en corceles, enamorado el labio y en los ojos nocturna llama.
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4
Mira qué tonta es la gente, que toíto lo que nos pasa quiere que yo se lo cuente.
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3
Un momento detiene su firmeza balanceada en la suave plenitud de la onda. Polariza los hilos de los vientos en su mástil agudo, y los rasga de un tirón violento, mar afuera, inflamada de marcha, de ciencia, de victoria.
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9
Lleno de lágrimas tristes, y a menudo suspirando, estaba el pastor hablando estas palabras que oístes, y ella las oye llorando. A responder se ofreció: mil veces lo cometía, mas de triste no podía y por ella respondió el amor que le tenía:
6
10
Ni vió el fantasma entre sueños Del que mató en desafío, Ni turbó jamás su brío Recelosa previsión. Siempre en lances y en amores, Siempre en báquicas orgías, Mezcla en palabras impías Un chiste a una maldición.
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8
Al espejo se toca la blanca niña, dando luz á la luna donde se mira.
30
4
Despierte el que está dormido en el servicio de Dios, y esté alerta; mire bien que anda perdido, pues que Dios murió por nos cosa cierta.
16
6
Moviéndose a compás, como una estúpida máquina, el corazón; la torpe inteligencia, del cerebro dormía en un rincón.
40
4
Las bellas figuras de los gobelinos, Los cristales llenos de aromados vinos, Las rosas francesas en los vasos chinos.
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3
Y reza de cada día, esta devota señora, esta santa letanía que pondremos aquí ahora.
9
4
Es la poesía lo que me hace sobrevivir, le doy forma de verso a todo lo que siento por ti, es tanto lo que te deseo que no hay suficiente tiempo para que yo pueda escribir. Todo lo que siento, lo escribo aquí, en miles de líneas en verso solo para ti. Cada día escribo y escribo no puedo dejar de escribir, plasmar en mi cuaderno de notas todo el amor que hay en mí y el día que ya no escriba será porque deje de existir, pues nada hay en el mundo que haga que me olvide de ti. La gente me pregunta por mi musa, no saben que mi musa eres tú amor que nace y crece, es lo único en el mundo que me hace sobrevivir.
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23
Silencio, que haya guitarras junto al río en corazón sonoro de la noche y el jazmín tiende sus besos de fiebre si canta Ronda.
17
4
Sumergida en profunda melancolía como estrella en las brumas de la alborada, gemirá para siempre, su voz decía por todos los senderos tu alma cansada, sumergida en profunda melancolía.
25
5
Cuando la rosa mujer florezca hermosa y tan roja el alma estará en su hoja; habrán tantos corazones... lejos de marchita muerte con su mendigo ropaje muy triste se irá de viaje; por tan solo poder verte.
23
8
No quieras que yo sea por tu soberbia pompa Faetonte de barqueros que los laureles lloran. Pasaron ya los tiempos cuando lamiendo rosas el céfiro bullía y suspiraba aromas.
21
8
Gloria de la virtud, pena del vicio son sus acciones, dando al mundo en ellas de su alto ingenio y su bondad indicio».
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3
Esto Sireno cantaba, y con su rabel tañía, tan ajeno de alegría que el llorar no le dejaba pronunciar lo que decía. Y por no caer en mengua, si le estorba su pasión, acento o pronunciación, lo que empezaba la lengua, acababa el corazón.
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Aquí me pongo a cantar al compás de la vigüela, que el hombre que lo desvela una pena estraordinaria, como la ave solitaria con el cantar se consuela.
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6
Quien promete no amar toda la vida Y en la ocasión la voluntad enfrena, saque el agua del mar, sume su arena, los vientos pare, lo infinito mida.
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4
por el país sagrado en que Herakles afianza sus macizas columnas de fuerza y esperanza,
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2
¡Cuántas veces te me has engalanado, clara y amiga noche! ¡Cuántas, llena de oscuridad y espanto, la serena mansedumbre del cielo me has turbado!
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hoy, con su amor en sus brazos hecho dosel de su pecho, con él parece que ruega a Adán, que le está pidiendo,
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El puñal de Catón, la adusta frente del noble Bruto, la constancia fiera y el arrojo de Scévola valiente, la doctrina de Sócrates severa, la voz atronadora y elocuente del orador de Atenas la bandera contra el tirano macedonio alzando, y al espantado pueblo arrebatando;
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Inmensa hermosura aquí se muestra toda, y resplandece clarísima luz pura, que jamás anochece; eterna primavera aquí florece.
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que si se ofreciera a Dios, de satisfacción sirviera, aunque pequeña, y corriera por la cuenta de los dos.
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Por eso no trabajéis de disimular lo hecho; que seréis puesta en estrecho que por fuerza confeséis lo que lleváis en el pecho. Yo quiero tras vos correr por gozar de este placer; que tan excelentes vistas de personas tan bienquistas cosa será para ver.
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